Tinkuradio "en vivo"

viernes, 24 de octubre de 2008

Escritores Jujeños - Fortunato Farfán

MENOS MAL QUE
HE CAMINADO...


He andado muchos caminos
por los cerros,
por el campo,
con el sol,
con la luna,
hasta quedar como he quedado
sin fuerzas
y con los pies hinchados...
El sol del mediodía
como un fuego me ha quemado
las manos,
la cara,
la garganta
y en el camino no he encontrado
ni una vertiente
ni un pozo de agua...
El viento me ha azotado el rostro
con tierra,
con arena,
con salitre,
con frío,
hasta que mis labios se han secado
y mis ojos han lagrimeado...
La lluvia me ha mojado
y calado hasta los huesos
con granizo,
con nieve,
con truenos,
con rayos,
y en el camino, Señor, de miedo
he temblado y he rezado...
Señor, menos mal que he caminado,
que me he cansado,
que me he quemado,
que me he mojado,
que he sufrido
y que he llorado;
Porque así he aprendido a valorar:
lo que vale una casa,
lo que vale un poncho,
lo que vale un pozo
y lo que vale un árbol...

3º Y 4 DOMINGO DE OCTUBRE - MANCAFIESTA

Cruzando el río Toro Ara, desde La Quiaca hacia Yavi, a campo abierto, se dan cita los Puneños el tercer domingo de Octubre para hacer la Manca Fiesta.

Fiesta de la Olla, quiere decir este vocablo híbrido compuesto quichua-castellano. Quizas le llamen asi porque las ollas que llevan los alfareros aborígenes, ocupan un lugar destacado en todos lospuestos de trueque o venta donde, junto a ellas, pueden encontrarse tejidos de Suripugio, cacharros de barro cocido de Casira, barraganes de Pozuelos y Santa Catalina (que allí llaman barracanes) y fruta fresca de Sococha o Talina.



Llegan Puneños desde los cuatro vientos y llegan también bolivianos de los pueblos próximos a la frontera. Poco es lo que se vende, mucho lo que se trueca. La ganancia es pobre pero la diversión es rica.



La fiesta-Feria dura varios días, tanto como se necesiten para agotar las mercancías y las expectativas. Hay música de quenas y anatas, retumbo de cajas, chisporrotear de charangos. Hay coplas de amor y regateos sin fin en quichua y en español. Hay cantos y bailes; “encuentros” y apresurados romances al mejor estilo Puneño: pocas palabras, mucho juego de manos y hechos concretos al anochecer entre arenas blandas y telares confidentes.

Humildes artesanos exhiben sus creencias a la par de orgullosos plateros que sonríen con un ojo en tanto que con el otro vigilan sus filigranas. No faltan los brujos, un poco médicos, pero fundamentalmente yuyeros sabios que con todo lo curan, todo lo adivinan y lo solucionan.

Los canastos sin orden ni concierto exponen mil chucherías, revueltas y ansiosas por mudar de alojamiento.

Entre ellos se camina, se come y también se duerme. Los ponchos multicolores llaman los ojos de todos “Mucho poncho, poca plata” protestan los que venden a los que quieren comprar por nada.

“Una collita de polleras inquietas elige hombre y le canta una colpa; si el escogido acepta, la toma de la mano y ya hay noviazgo en la Manca Fiesta.” En la Manca fiesta la iniciativa amorosa será siempre atributo femenino. Ella dirá con su encanto que esta sola esperando. No hay ofensa en el callado rechazo.

La feria toma color y bullicio después de la primera noche. Todos han exhibido lo que tienen y quieren trocar o vender.

Octubre es un lindo mes, más allá de Toro Ara, entre La Quiaca y el pueblo Marqués de Yavi. La Puna calma sus vientos para que se escuchen las propuestas copleras de la Manca Fiesta.

sábado, 11 de octubre de 2008

Jorge Calvetti

El poeta de la Puna

Una vez le pidieron a Jorge Calvetti los datos de su biografía. Entonces escribió tres palabras: "Nací en Jujuy"


Una vez le pidieron a Jorge Calvetti los datos de su biografía. Entonces escribió tres palabras: "Nací en Jujuy". Nada de fechas, trabajos, obras ni premios. Haber nacido en Jujuy compendiaba para él lo más importante de su vida. Yo, para referirme al poeta fallecido el 4 de noviembre último, escribiré algo más de tres palabras.

Tuve el privilegio de trabajar a su lado, todos los días, durante veinticinco años, en la redacción de La Prensa . Un cuarto de siglo en el que compartimos confidencias, ilusiones y abatimientos, así como la primicia de muchos versos propios y ajenos. Veinticinco años perdonándonos nuestros defectos y viviendo con alegría la plenitud de la amistad. Aquel Jorge Calvetti de piel cetrina, con su cuerpo elástico de domador de caballos y sus gruesos anteojos de intelectual, atesoraba la experiencia de quien había vivido en gozoso contacto con la Naturaleza, con las criaturas elementales de la tierra -sus paisanos- y familiarizado, a la vez, con la gran poesía del mundo.

Más que un compañero de trabajo, Calvetti fue un interlocutor afectuoso, un verdadero maestro de vida y de literatura.De él aprendí que la realidad no siempre es realista, que lo fundamental son las emociones del corazón y lo más importante es vivir como poeta. Después, si uno siente la necesidad de hacerlo, escribir. Aprendí que el poeta debe buscar la verdad y la belleza anteponiendo la responsabilidad y el rigor a las tentaciones de las modas o de ese mínimo éxito que puede llegar a acariciar la vanidad de quienes escriben y publican. Su obra fue, en ese sentido, modelo de autenticidad, una expresión estética alejada de blanduras sentimentales y, a la vez, de crípticas o áridas intelectualizaciones; una poesía transparente y honda que, a mi juicio, no ha sido aún debidamente justipreciada. Calvetti, poeta vigorosamente enraizado en su terruño e intenso sentidor de las venturas y desventuras de la existencia, experimentaba entrañablemente la advertencia de Nietzsche: "Permaneced fieles a la tierra". Nunca escribió para los críticos sino para sus semejantes.

Nacido en San Salvador de Jujuy en 1916 y afincado desde niño en Maimará, vino a estudiar a Buenos Aires cuando su padre, legislador radical, se trasladó con su familia para desempeñarse en el Congreso. Siendo alumno del Colegio San José, conoció a Juan Bautista (Cabito) Bioy, primo de Adolfo Bioy Casares, quien le abrió las puertas de la literatura y los literatos. Conoció a Lugones, a Alfonsina Storni, a Fernández Moreno y participó de tertulias en "La Perla" del Once con Borges, Macedonio Fernández, Enrique Fernández Latour y los hermanos Dabove. Fue discípulo de astrología de Xul Solar y permanente admirador, amigo y albacea de Carlos Mastronardi. Pero su padre, político probo, se empobreció con la política y la familia regresó a Jujuy. Allí trabajó comprando y vendiendo ganado, haciendo arreos de cientos de kilómetros, domando caballos ariscos. Una vez comentó que nadie podía imaginar que aquel paisano de ruda apariencia guardaba muchas veces, entre los aperos del caballo, poemas que publicarían semanas después LA NACION o la revista Sur .

En Jujuy fue uno de los fundadores de la prestigiosa revista literaria Tarja y, cumplida aquella etapa, regresó a Buenos Aires. Aquí publicó sus libros de poemas, cuentos y ensayos: Fundación en el cielo , Memoria terrestre , Alabanza del Norte , Imágenes y conversaciones , La Juana Figueroa , Solo de muerte , Poemas conjeturales , El miedo inmortal y Escrito en la tierra , así como los trabajos dedicados a José Hernández, Juan Carlos Dávalos y Federico Ovejero. Obtuvo premios nacionales y municipales; en 1984 se lo eligió miembro de número de la Academia Argentina de Letras, de la que fue vicepresidente, y en 1993 recibió el Gran Premio de Honor de la SADE.

Recuerdo la tarde en que me leyó una copla que acababa de escribir: "Como un animal voraz/ la muerte me anda siguiendo./ Voy a entregarle mi cuerpo/ y voy a seguir viviendo". Por esa época, casi todos sus poemas aludían a la muerte. Ahora que ha entrado en ese territorio sombrío -o quizás luminoso-, a quienes permanecemos de este lado nos queda el consuelo de que aquel animal voraz únicamente ha podido apoderarse de su cuerpo. El espíritu de Jorge Calvetti sigue vivo en sus poemas. Para mí, también, cada vez que recuerdo algunas frases que él solía repetir: "El poeta es un ser condenado a la felicidad" y "La única muerte es el olvido".

Por Antonio Requeni
Para LA NACION - Buenos Aires, 2002

GrAcIaS PoR ViSiTaRnOs

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